Arroyo Guazú: Historias de cuando el pavimento desaparece

Arroyo Guazú: Historias de cuando el pavimento desaparece

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Un comerciante de Paraná contó a Actualidad Esquina el viaje en familia que lo dejó a 15 centímetros del precipicio el día que colpasó el puente sobre Arroyo Guazú.

 


#NoSeOlvidenDelGuazú

Julio Alberto Domingorena atiende, como cada mañana desde hace 20 años, la despensa de su propiedad, ubicada en la esquina de Uruguay y La Rioja en Paraná.
El primer automovilista que llegó al puente del arroyo Guazú, entre Esquina y Goya contó el día en que se desplomó la vía de tránsito, estuvo a pocos centímetros de caer en el cráter sobre el curso de agua.

Julio Domingorena un negociante de la ciudad de Paraná, relató que “hace dos meses cruzaba el arroyo Guazú cuando se cayó el puente”.

Relató que había partido desde la provincia de Entre Ríos con rumbo a Misiones. En el periplo se detuvo en la estación de servicios ubicada a las afueras de Esquina, y luego siguió viaje.

En la salida de la ciudad se encontró con un control caminero. “Los policías me saludaron y me dijeron que tenga mucho cuidado que la ruta está peligrosa porque está lloviendo, y seguí”, contó Domingorena.

El hombre de 67 años conducía una Ford Ranger junto a su esposa y un nieto cuando, a setenta metros del puente notó irregularidades el camino. “Cuando estaba a veinte metros del puente, saltó el agua, y frené. Y allí vi que estaba el puente estaba caído. Frené justo. Quedé a 30 centímetros del precipicio”, contó el entrerriano.

Tras advertir la situación logró dar marcha atrás. “Ahí vimos que venía un automóvil gol, y me lo atravesé para hacerle frenar. El hombre no había visto el puente, iba a unos 140 kilómetros por hora. Si yo no lo frenaba se iba a caer”, contó.

Reconoció que “no caí porque ví cuando el puente se movió”. Esto lo llevó a parar la marcha de la camioneta.

Cuando bajó del rodado pudo notar que por la lluvia “no se veía nada del otro lado. Y justo venía un colectivo desde Goya, pero pudo frenar”.

Minutos después, pero en sentido desde en norte hacia el Sur, Rogelio Schweig, un productor misionero que viajaba a Buenos Aires en una Ford EcoSport, no fue advertido de la rotura del puente. Cayó al precipicio y murió.

Por esta razón existen dos causas judiciales en proceso. Una de ellas es en la justicia provincial, donde se trata de establecer las responsabilidades de los funcionarios que debían llevar adelante el operativo de prevención de accidentes.

La otra causa la lleva adelante la Fiscalía Federal de Corrientes en la que se busca determinar qué responsabilidad de cabe a Vialidad Nacional por la falta de mantenimiento del viaducto.

Don Beto lo venía planeando desde enero. El motivo era visitar a una hija “que se casó bien y vive en Misiones”. Había hecho ver la Ranger modelo ’98 y salieron con tiempo, tranquilos. Él al volante, su nieto “de copiloto” cebando mate y su señora atrás. “Soy muy prudente en la ruta. Desde hace unos años, no viajo de noche. Y así como soy de conversador acá en el negocio, cuando manejo no hablo nada. Voy concentrado porque la gente está muy loca”, señala.

Salieron de Paraná a las 7 con algo de llovizna. Tres horas después, cerca de las 10, pararon en Esquina. Domingorena compró cigarrillos, fueron al baño, renovaron el mate. Cuando volvieron a la ruta llovía y los paró la caminera. “Me preguntaron adónde iba y me pidieron precaución porque había mucha agua en la ruta”, cuenta.

Siguieron viaje, el nieto se durmió un rato. Estaban a unos 35 kilómetros del puente trágico cuando paró de llover. “Íbamos llegando al puente y vi algo raro. Le comenté a mi señora y a mi nieto que no me cerraba algo que se me levantaba de frente”, describe y se ayuda con un brazo. “Pensé que podía ser un camión volcador o alguna maquinaria. Bajé la velocidad y de pronto vimos una ola enorme de agua que se levantó altísimo y luego cayó. Clavé los frenos y cuando miré estaba en el borde del precipicio”, relata.

A 15 centímetros

“Mi nieto quedó contra el parabrisas viendo el vacío y aullando de miedo. A mí lo único que me salió fue putear. Alrededor había solo agua y precipicio. Logré poner marcha atrás y retrocedí. Vi qué venía un Gol, empecé a los bocinazos y le atravesé la camioneta para que no pasara. Así fue que nos salvamos”, completa.

Eran las 10.24. La frenada de la Ranger quedó impresa en el asfalto a 15 centímetros del precipicio de unos 20 metros. En la foto del puente caído que circuló por esos días se ven dos vehículos rojos: la Ranger de Don Beto, el almacenero de Paraná, y el Gol en el que viajaba un hombre de Esquina. Los dos se encontraron un rato más tarde en el puesto de Gendarmería. “Lloramos, nos abrazamos, estábamos shockeados. Ni el nombre le pregunté, pero me gustaría contactarlo algún día y que comamos un asado”, se esperanza Domingorena.

Primero pensaron en volver a Paraná, pero Don Beto razonó: “¿Quién me aguanta con todo esto que pasó y sin haber visto a mi hija?”. Su nieto estaba algo nervioso, pero su esposa estaba tranquila. Decidieron seguir viaje. Previamente, avisaron a los familiares que estaban bien, pero sin mucho detalle para no preocuparlos. “Hay un puente cortado”, dijeron, aunque no alcanzó para eliminar la preocupación que a todos les había causado ver una Ranger roja en el medio de la escena que se repitió en los televisores del país.

Pasado el mediodía, bajaron hasta La Paz, agarraron por Feliciano, salieron a San Jaime de la Frontera y después tomaron la ruta a Misiones, por Paso de los Libres. El reencuentro con la hija disipó un poco la angustia, trataron de no pensar y pasaron unos días lindos. Volvieron sin miedo. “Lo que vivimos no es algo de todos los días. Imposible que nos volviera a pasar. Es como ganar dos veces el Quini”, grafica Don Beto.

La vuelta a Paraná fue tranquila. El retorno al negocio, la vuelta a la rutina, ayudaron a olvidar de a ratos el mal momento. “Nunca en la vida me había pasado algo tan grave. En 2003 nos desvalijaron el negocio. Se llevaron la mercadería, las máquinas, todo. Fue terrible pero como decía yo por aquellos días, me dejaron los brazos para seguir trabajando. Hoy pienso en eso y me parece un pavada”, admite.

“De lo que pasó hubo responsables. En la zona hace tres meses se comentaba que el puente se iba a caer. Y hay dos o tres puentes más en Corrientes en la misma situación. Pasa que se inundan cada tanto, cuando baja el agua están todos comidos y no les hacen mantenimiento”, concluye Domingorena.

 

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